Solo 1 de cada 50 alumnos sabe usar acentos en tercero de secundaria

El estudio “La ortografía de los estudiantes de educación básica en México” (de 2008) reveló que solamente el 2% de los estudiantes de tercero de secundaria sabían usar tildes. Esto obviamente es síntoma de una pésima enseñanza de la lengua materna.

Pocas cosas evidencian tan claramente el nivel educativo de una persona como su ortografía y su conocimiento gramatical. Los errores gramaticales de políticos llegan a ser, incluso, meritorios de cobertura noticiosa nacional, como cuando el Secretario de Educación Aurelio Nuño dijo “ler” en vez de “leer” (y, penosamente, una niña tuvo que corregirlo frente a las cámaras), o como cuando el candidato presidencial José Antonio Meade dijo “resolvido” en un discurso público, y tuvo que publicar en Twitter una foto de él repitiendo planas de “Se dice ‘resuelto’, no ‘resolvido’”. Contradictoriamente, la misma severidad con la que se juzgan los errores de personajes públicos no se aplica en la población general. Cuando una persona común y corriente comete un error, el gran grueso de la población se justifica diciendo “pero me entendiste”, “ay, qué fijado”, “pero es Facebook”, “es que sí me fallan los acentos”, “así está en mi acta de nacimiento”, “tú has de ser perfecto”, o peor aún, “los acentos no importan”. Este desdén por la ortografía es en realidad el triste síntoma de un sistema de enseñanza de la lengua materna fallido, que no ha logrado inculcar en el estudiantado la importancia de una escritura impecable.Los resultados que reveló el estudio del INEE “La ortografía de los estudiantes de educación básica en México” son francamente terroríficos: los estudiantes de sexto de primaria escriben mal el 15.6% de las palabas que usan, y 3 años después (en su último año de secundaria), ese porcentaje solo baja a 12%. Aproximadamente, una de cada 10 palabras que escriben, la escriben mal. Esto contrasta con el nivel de dominio de la escritura con otros países, como sucede con Japón: mientras un niño niponés ya sabe escribir 2136 caracteres en primero de secundaria, un niño mexicano de tercero desconoce completamente cuáles son los usos de la tilde. Hay, incluso, jóvenes en nivel bachillerato que desconocen su nombre, y la llaman “la comita que va arriba de la letra”.

Si se observan cuáles son los principales problemas de ortografía del niño mexicano, es evidente que el principal problema de escritura al finalizar la educación básica es que los alumnos no saben usar el acento gráfico, al grado de que solamente uno de cada 50 estudiantes los utiliza correctamente. La causa de este vergonzoso dato estadístico es sin duda por causa de una mediocre enseñanza por parte del estado, más que culpa individual del alumno: si el 98% de los alumnos no saben usar tildes al finalizar la secundaria, es por culpa de los programas de estudio y la capacitación docente por parte de la SEP. Lamentablemente, no es raro ver a profesores de Español con faltas de ortografía: sería un experimento interesante ver cuántos de los profesores de lengua son realmente capaces de definir conceptos como “hiato” o “sílaba átona”.

Para saber cómo usar la tilde en español es necesario contar con dos habilidades previas: saber dividir en sílabas y saber reconocer cuál es la sílaba tónica de una palabra. Los estudiantes de bachillerato suelen contar con la primera habilidad (aunque de manera intuitiva y con algunas dificultades con la diptongación), mientras que en la segunda la mayoría adolece totalmente: son incapaces de leer correctamente triadas de palabras que sólo se distinguen por la posición de su sílaba tónica, como “méndigo, mendigo, mendigó” o “ejército, ejercito, ejercitó”. Esta es la verdadera razón por la que los alumnos ingresan al bachillerato con la noción de que las tildes son un fenómeno ortográfico místico e inasequible.

La doctora en Lingüística Irma Munguía Zatarain (autora del manual más usado de ortografía y gramática a nivel bachillerato), resalta que desde 1993 en la educación básica “decidieron que había que eliminar los últimos temas que quedaban de gramática, porque estaba en boga en ese momento el método comunicativo funcional, que recomienda que los niños aprendan haciendo, es decir, que aprendan a escribir escribiendo y a leer, leyendo”, lo cual considera un error, pues “nuestros alumnos saldrían con un sustento teórico que les iba a permitir manejar con mayor dominio su lengua, por eso no escriben bien, la gramática no sirve para escribir bien de inmediato, pero sirve de manera indirecta” (fuente). La investigadora da a entender un supuesto pedagógico que no ha permeado del todo en los docentes: enseñar práctica sin teoría es, en realidad, enseñar a hacer sin saber: es enseñar a simular. Si los docentes de Español prefieren evaluar con un trabajo escrito y no con un examen donde se demuestre el dominio de los conceptos teóricos de ortografía y acentuación, el alumno se queda con la idea de que no es necesario aprender las reglas para el uso de la tilde si basta con utilizar el corrector de ortografía de Microsoft Word. Por eso no es raro encontrar profesionistas cuyos textos únicamente tienen corregidas las faltas de ortografía que les resaltó el procesador de textos, que generalmente no detecta siempre todos los errores: el programa es incapaz de distinguir equivocaciones por homofonía, como sucede, por ejemplo, si escribiste “se cayó” cuando en realidad te referías a “se calló” o viceversa.

¿Qué nos queda por hacer? Desafortunadamente, hasta que la SEP decida darle la importancia que merece a la ortografía y a la gramática en sus planes de estudio a lo largo de todo el sistema educativo, quedará como responsabilidad individual de cada alumno el aprender a escribir correctamente. Ojalá les interese no andar pasando vergüenzas cuando sean profesionistas después.

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